Diagnóstico, seguimiento y manejo de riesgos en la madre, el embarazo y la salud fetal.

condiciones materno fetales

Complicaciones propias del embarazo

  • La diabetes gestacional es una condición en la que los niveles de glucosa en sangre aumentan durante el embarazo debido a los cambios hormonales propios de esta etapa. En la mayoría de los casos aparece en el segundo o tercer trimestre, incluso en mujeres sin antecedentes previos, y suele resolverse después del parto.

     

    Aunque es una situación frecuente, requiere atención especial porque puede aumentar el riesgo de bebés grandes para la edad gestacional, parto por cesárea, hipoglucemia neonatal o desarrollo posterior de diabetes tipo 2 tanto en la madre como en el hijo.

     

    El seguimiento por medicina materno-fetal permite controlar la glucemia de forma segura, ajustar el plan nutricional y definir si es necesario incorporar medicación. Además, se realiza una vigilancia ecográfica y Doppler del crecimiento y bienestar fetal, asegurando que el bebé reciba los nutrientes adecuados sin exceso ni déficit.

     

    El objetivo es lograr un equilibrio: mantener la glucemia dentro de rangos saludables sin interferir con la vida cotidiana de la madre. Con acompañamiento, educación y control adecuado, la gran mayoría de las mujeres con diabetes gestacional tiene un embarazo normal y un recién nacido sano.

     

    La medicina materno-fetal ofrece una atención personalizada que combina ciencia y empatía: te ayuda a entender tu diagnóstico, tomar decisiones informadas y transitar el embarazo con tranquilidad, cuidando tu salud y la de tu bebé.

  • Las pérdidas de embarazos, tanto tempranas como tardías, son una de las experiencias más difíciles para una mujer y su familia. En algunos casos, cuando los abortos se repiten o las pérdidas ocurren en etapas avanzadas, puede existir una causa médica que requiere una evaluación específica. Entre las más frecuentes se encuentran las alteraciones de la coagulación, problemas inmunológicos, enfermedades endocrinas, anomalías uterinas o disfunciones de la placenta.

     

    Hoy sabemos que, con una evaluación completa y un seguimiento médico especializado, la mayoría de las mujeres que ha tenido pérdidas previas puede lograr un embarazo exitoso y un recién nacido sano.

    La medicina materno-fetal ofrece un conocimiento detallado sobre la placenta y el desarrollo del bebé, estructuras clave para comprender y prevenir las causas de estas pérdidas.

     

    En aquellas pacientes que además presentan factores asociados como hipertensión, diabetes o trombofilia, este enfoque permite un cuidado integral, evitando la fragmentación entre múltiples especialistas y brindando un plan coordinado que acompaña cada etapa del embarazo con seguridad, contención y claridad.

     

    También es fundamental reconocer a las mujeres que, a pesar de haber atravesado esta experiencia dolorosa, no presentan una enfermedad o alteración identificable. En estos casos, el objetivo es ofrecer apoyo, contención emocional y un seguimiento respetuoso, evitando el sobretratamiento y la sensación de “estar enfermas”. La medicina materno-fetal busca acompañar desde la evidencia y la empatía, ayudando a recuperar la confianza en el propio cuerpo y en la posibilidad de un nuevo comienzo.

     

  • Se considera parto prematuro cuando el nacimiento ocurre antes de las 37 semanas de embarazo. Puede deberse a causas diversas: infecciones, rotura prematura de membranas, contracciones tempranas o complicaciones maternas y fetales que obligan a adelantar el parto. En algunos casos, no se identifica una causa clara.

     

    La identificación temprana de mujeres con riesgo aumentado permite implementar estrategias preventivas que reducen significativamente la posibilidad de recurrencia. Entre ellas se incluyen el control ecográfico del cuello uterino, el uso de progesterona, el cerclaje cervical y el manejo cuidadoso de infecciones o inflamación intrauterina.

     

    Cuando el riesgo de parto prematuro se confirma, el manejo oportuno y coordinado es esencial. La medicina materno-fetal combina la evaluación del bienestar fetal y la condición materna para definir la mejor estrategia para cuidar al bebé y la mamá.

     

    El objetivo siempre es prolongar el embarazo todo lo posible, sin poner en riesgo a la madre ni al bebé, buscando que el nacimiento ocurra en el momento y el lugar adecuado. Con un seguimiento especializado y una atención basada en evidencia, muchos embarazos con riesgo de parto prematuro logran extenderse de manera segura, mejorando notablemente las probabilidades de un recién nacido sano y con buen desarrollo.
  • La preeclampsia es una enfermedad exclusiva del embarazo que se caracteriza por la aparición de presión arterial alta y alteraciones en distintos órganos, como el riñón, el hígado o la placenta. Su causa se relaciona con una alteración en la formación y funcionamiento de la placenta, lo que puede afectar tanto a la madre como al bebé.

    La identificación temprana de mujeres con factores de riesgo, aun antes de que aparezca la enfermedad, es fundamental.  En estos casos, las intervenciones preventivas, como el uso de aspirina en dosis bajas y el control especializado desde el primer trimestre, pueden reducir significativamente la probabilidad de desarrollar preeclampsia o sus formas más graves.

    Cuando la enfermedad se presenta, el diagnóstico preciso y el seguimiento cuidadoso son esenciales para prevenir complicaciones graves como la eclampsia, el desprendimiento de placenta o el crecimiento fetal restringido. En la mayoría de los casos, un control adecuado de la presión arterial, la medicación oportuna y la vigilancia ecográfica permiten prolongar el embarazo.

    La medicina materno-fetal aporta herramientas clave para evaluar la función placentaria, el flujo sanguíneo y el bienestar fetal, adaptando las decisiones a la evolución de cada paciente. Este enfoque integral permite definir el momento más seguro para el nacimiento y reducir los riesgos en futuros embarazos.

    Con un seguimiento especializado y una comunicación constante entre la paciente y el equipo médico, la mayoría de las mujeres con preeclampsia logra un embarazo controlado. Cada semana ganada dentro del útero, bajo una vigilancia cuidadosa, representa una oportunidad más para la salud del bebé y una experiencia más tranquila y segura para la madre.

  • Los trastornos de adherencia placentaria, conocidos como acretismo placentario, ocurren cuando la placenta se adhiere de manera anormal a la pared del útero, pudiendo invadir sus capas más profundas. Esta condición suele presentarse en mujeres con antecedentes de cesáreas previas, cirugías uterinas o placenta previa, y requiere un diagnóstico preciso y un plan de nacimiento cuidadosamente organizado.

     

    La detección temprana, mediante ecografía y, en algunos casos, resonancia magnética, permite anticipar riesgos y planificar el parto en condiciones seguras. Contamos con profesionales expertos en el manejo quirúrgico del acretismo placentario, con quienes trabajamos en forma coordinada para asegurar la mejor atención posible para la madre y el bebé.

     

    Gracias a esta planificación y trabajo interdisciplinario, muchas mujeres con diagnóstico de acretismo placentario pueden tener un desenlace favorable, preservación de la salud materna y nacimiento seguro de su hijo. El acompañamiento cercano, la anticipación y la experiencia del equipo son las claves para transitar este tipo de embarazos con confianza y esperanza.

El síndrome antifosfolípido (SAF) y otras formas de trombofilia adquirida son condiciones en las que el sistema inmunológico genera anticuerpos que aumentan la tendencia a formar coágulos. Durante el embarazo, esta alteración puede afectar el funcionamiento de la placenta, reduciendo el flujo de sangre y oxígeno hacia el bebé. Esto se asocia a un mayor riesgo de pérdidas gestacionales, restricción del crecimiento fetal, preeclampsia o parto prematuro.

 

El diagnóstico preciso y el tratamiento oportuno permiten cambiar radicalmente el pronóstico. Con un manejo adecuado —que incluye medicación anticoagulante, control ecográfico de la función placentaria y ajustes individualizados según la evolución— la mayoría de las mujeres puede tener un embarazo seguro y un recién nacido sano.

 

La medicina materno-fetal aporta un conocimiento detallado sobre la placenta y la fisiología del bebé, el paciente más sensible a los cambios en la circulación materna. Gracias a esta visión integral, es posible prevenir complicaciones, definir el mejor momento para intervenir y acompañar con seguridad cada etapa del embarazo.

 

También es esencial distinguir a las mujeres con resultados de laboratorio aislados o hallazgos sin repercusión clínica, que no necesariamente padecen un trastorno trombótico. En estos casos, la función del equipo médico es evitar el sobretratamiento y brindar tranquilidad, ofreciendo seguimiento y apoyo basados en evidencia científica, para que la paciente no se perciba como enferma, sino acompañada y cuidada de manera responsable.

 

Finalmente, el objetivo es que, en la medida en que sea seguro, el embarazo respete los tiempos naturales de la biología. Los bebés deben nacer cuando están listos, no “por las dudas”. Cada semana ganada dentro del útero, bajo control adecuado, representa una oportunidad más de salud y desarrollo. La medicina materno-fetal busca equilibrar la seguridad con el respeto por la naturaleza, acompañando a cada madre y cada bebé hasta el mejor momento posible para nacer.

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Problemas de salud materna previos al embarazo

  • La diabetes pregestacional es la que existe antes del embarazo, ya sea tipo 1 o tipo 2. Durante la gestación, el aumento de las demandas metabólicas y los cambios hormonales pueden hacer más difícil mantener niveles adecuados de glucosa. Si no se controla correctamente, puede asociarse con un mayor riesgo de malformaciones fetales, preeclampsia, parto prematuro, exceso de crecimiento fetal o restricción del crecimiento, y complicaciones neonatales.

     

    Hoy sabemos que, con un seguimiento médico especializado, controles ecográficos frecuentes y un manejo cuidadoso de la glucemia, la mayoría de las mujeres con diabetes pregestacional puede tener un embarazo seguro y un recién nacido sano. El tratamiento actual permite anticipar complicaciones, ajustar el tratamiento en cada etapa y acompañar a la paciente para lograr los mejores resultados posibles para ella y su bebé.

     

    Con un seguimiento médico especializado, controles ecográficos frecuentes y un manejo cuidadoso de la glucemia, la mayoría de las mujeres con diabetes pregestacional puede tener un embarazo seguro y un recién nacido sano.

    La medicina materno-fetal aporta un conocimiento profundo sobre la placenta y el bebé, que es el paciente más vulnerable a los cambios metabólicos provocados por la diabetes.

     

    Además, en algunas mujeres cuya diabetes existía antes del embarazo, pueden coexistir otras condiciones como obesidad o hipertensión. En estos casos, la medicina materno-fetal permite cuidar a la madre de manera integral, sin fragmentar su atención entre múltiples especialistas, combinando en un solo equipo la visión clínica, metabólica y obstétrica necesaria para proteger la salud de ambos: madre y bebé.

  • Las trombofilias hereditarias son características genéticas que pueden aumentar la tendencia a formar coágulos sanguíneos. Algunas de ellas pueden tener implicancias para la mamá durante el embarazo.

     

    Sin embargo, no todas las trombofilias representan un riesgo real. En la mayoría de los casos, estas alteraciones se detectan por estudios genéticos de rutina y no justifican tratamientos anticoagulantes preventivos. Por eso es fundamental identificar con precisión qué mujeres realmente se benefician de un tratamiento médico y cuáles solo requieren un seguimiento cuidadoso.

     

    La medicina materno-fetal permite hacer esta diferenciación, combinando la historia clínica, los antecedentes familiares, los resultados de laboratorio y la evolución del embarazo. Este enfoque evita la medicalización innecesaria de la mujer embarazada, ofreciendo una atención equilibrada: intervenciones cuando hay evidencia de beneficio y acompañamiento cuando el mejor tratamiento es simplemente controlar y cuidar.

     

    El objetivo es brindar seguridad sin excesos, respetando la fisiología del embarazo y priorizando la salud integral de la madre y el bebé.

  • El sobrepeso durante el embarazo es una condición frecuente y, aunque suele naturalizarse, requiere una atención especial. Acompañamos a la mujer en un embarazo más seguro, ya que el exceso de peso puede aumentar el riesgo de diabetes gestacional, hipertensión, preeclampsia, parto por cesárea y complicaciones metabólicas en el bebé.

     

    Cada cuerpo tiene una historia y un recorrido. La medicina materno-fetal se enfoca en ofrecer información clara, seguimiento personalizado y decisiones compartidas, sin juicios ni estigmas.

     

    El cuidado incluye controles más frecuentes, evaluación nutricional y ecográfica detallada del crecimiento fetal, buscando siempre prevenir complicaciones y favorecer un desarrollo saludable. En muchos casos, pequeños cambios sostenidos en los hábitos durante el embarazo generan grandes beneficios para la salud materna y para la del bebé a largo plazo.

     

    El objetivo no es “corregir un peso”, sino acompañar con empatía y evidencia científica a cada mujer, para que viva su embarazo con tranquilidad, bienestar y la confianza de estar cuidada integralmente.
  • Algunas mujeres llegan al embarazo con enfermedades crónicas previas, como cardiopatías, afecciones renales, endocrinas o respiratorias. Estos cuadros no impiden tener un buen embarazo, pero sí requieren una planificación cuidadosa y un seguimiento más estrecho, ya que las demandas fisiológicas del embarazo pueden modificar el equilibrio de la enfermedad o del tratamiento habitual.

     

    La medicina materno-fetal tiene un rol clave en estos casos, porque combina el conocimiento obstétrico con la comprensión médica de condiciones complejas. Este enfoque evita la fragmentación del cuidado entre múltiples especialistas y permite coordinar un plan único, coherente y seguro, que contemple tanto la salud materna como el desarrollo del bebé.

     

    El acompañamiento se centra en adaptar la medicación, monitorear la función de los órganos comprometidos y ajustar las decisiones obstétricas según la evolución clínica y fetal. De esta manera, cada mujer puede transitar su embarazo con seguridad, evitando intervenciones innecesarias y manteniendo un vínculo de confianza con su equipo de salud.

     

    Con la atención adecuada, la mayoría de las pacientes con enfermedades crónicas puede tener un embarazo controlado, un parto planificado y un recién nacido sano, demostrando que la salud materna y el deseo de gestar pueden convivir de manera armoniosa cuando el cuidado se basa en ciencia, coordinación y empatía.

  • Las enfermedades autoinmunes, como el lupus eritematoso sistémico, se producen cuando el sistema inmunológico reacciona contra los propios tejidos del organismo. Durante el embarazo, estos procesos pueden afectar la placenta, los vasos sanguíneos y diversos órganos maternos, generando un mayor riesgo de preeclampsia, parto prematuro o restricción del crecimiento fetal.

     

    El control previo a la concepción y la planificación del embarazo son fundamentales. Cuando la enfermedad está en remisión y los tratamientos están bien ajustados, el pronóstico materno y fetal mejora significativamente. La identificación temprana de anticuerpos específicos (como los antifosfolípidos o anti-Ro/La) permite anticipar riesgos y definir estrategias de seguimiento y prevención personalizadas.

     

    Durante el embarazo, es común que las mujeres con enfermedades autoinmunes sean atendidas por varios especialistas —reumatólogos, nefrólogos, inmunólogos—, lo que puede fragmentar el seguimiento y dificultar la toma de decisiones. Nuestro grupo formado en medicina materno-fetal ofrece una mirada integradora: el especialista es un obstetra con formación médica específica en condiciones no obstétricas, capaz de interpretar los aspectos clínicos de la enfermedad, coordinar con los demás especialistas y tomar decisiones obstétricas seguras basadas en la evidencia. Este enfoque permite unificar el cuidado, reducir intervenciones innecesarias y brindar una atención continua, centrada tanto en la salud materna como en la del bebé.

     

    Gracias a este abordaje coordinado, la mayoría de las mujeres con lupus u otras enfermedades autoinmunes puede tener un embarazo seguro y un recién nacido sano, en un entorno de acompañamiento, planificación y confianza.

  • La hipertensión crónica es la presión arterial elevada que ya está presente antes del embarazo o que se diagnostica antes de la semana 20 de gestación. Es una condición relativamente frecuente y, aunque muchas mujeres la cursan sin síntomas, puede aumentar el riesgo de preeclampsia, restricción del crecimiento fetal, parto prematuro o complicaciones placentarias.

     

    El seguimiento especializado permite reducir significativamente estos riesgos. Desde las primeras semanas, se realiza un control cuidadoso de la presión arterial, se ajustan los medicamentos a los que son seguros durante el embarazo y se vigila el crecimiento del bebé mediante ecografías y estudios Doppler.

    La medicina materno-fetal ofrece una mirada integral: combina el control obstétrico con la interpretación clínica y farmacológica de la hipertensión, evitando la fragmentación del cuidado entre distintos especialistas. Este enfoque permite detectar precozmente los cambios que requieren intervención, coordinar decisiones con el obstetra de cabecera y acompañar a la paciente con información clara y confianza.

     

    Con el tratamiento adecuado y un seguimiento cercano, la mayoría de las mujeres con hipertensión crónica puede tener un embarazo seguro y un recién nacido sano. La clave está en la planificación, el control regular y la comunicación constante entre la paciente y el equipo médico.

     

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Condiciones asociadas al bebé

  • Los embarazos múltiples, ya sean gemelares o triples, requieren un seguimiento especial desde las primeras semanas. Cuando dos o más bebés comparten el útero, pueden presentarse situaciones particulares: diferencias en el crecimiento, desequilibrios en la circulación placentaria o riesgo de parto prematuro. Estas condiciones hacen necesario un control médico más frecuente y específico, que permita acompañar el desarrollo de cada bebé y prevenir complicaciones.

     

    La medicina materno-fetal ofrece una comprensión profunda de la placenta y de las interacciones entre los fetos, especialmente en los embarazos monocoriales (cuando los bebés comparten una misma placenta). Este conocimiento permite identificar precozmente signos de alarma, como el síndrome de transfusión feto-fetal o la restricción selectiva del crecimiento, y planificar intervenciones o derivaciones a tiempo.

     

    Cada embarazo múltiple es diferente. Por eso, el seguimiento debe ser personalizado y coordinado con el obstetra de cabecera, combinando la evaluación ecográfica detallada con la vigilancia clínica de la madre. En algunos casos pueden coexistir otras condiciones, como hipertensión o diabetes, que requieren un abordaje integral sin fragmentar el cuidado entre múltiples especialistas.

     

    Finalmente, el objetivo es prolongar el embarazo tanto como sea seguro, respetando los tiempos naturales de maduración de los bebés. Los nacimientos no deben adelantarse “por las dudas”, sino cuando la evidencia y la condición materno-fetal así lo indiquen. Cada día ganado dentro del útero, bajo control médico adecuado, representa una mejora en el pronóstico y en la salud futura de los recién nacidos.

  • Cuando un bebé no crece como se espera para su edad gestacional, hablamos de restricción del crecimiento fetal (RCF). No todos los bebés pequeños tienen una enfermedad; algunos son simplemente más pequeños que otros bebes pero sanos . Sin embargo, en otros casos, el crecimiento lento puede deberse a un problema en la placenta, que dificulta el paso adecuado de oxígeno y nutrientes hacia el feto.

     

    Identificar esa diferencia es esencial. El seguimiento especializado mediante ecografías seriadas y estudios Doppler permite distinguir entre un bebé sano de menor tamaño y un bebé que está creciendo menos por falta de aporte placentario. Esta evaluación cuidadosa evita intervenciones innecesarias y, al mismo tiempo, permite actuar a tiempo cuando el bebé realmente está en riesgo.

     

    La medicina materno-fetal tiene un papel central en este proceso: interpreta los datos ecográficos, valora la función placentaria y define, junto al obstetra de cabecera, el momento más seguro para el nacimiento. En muchos casos, los controles frecuentes y una vigilancia cuidadosa permiten prolongar el embarazo de manera segura, dando al bebé más tiempo para crecer y madurar.

     

    El objetivo no es solo que el bebé nazca, sino que lo haga en el mejor momento posible para ambos, evitando nacimientos “por las dudas” y priorizando el respeto por los tiempos naturales del desarrollo intrauterino. Con atención experta y un seguimiento personalizado, la mayoría de los bebés con restricción del crecimiento logra un desenlace favorable y un inicio de vida saludable.

  • Durante el embarazo, algunas infecciones maternas pueden tener implicancias para el bebé en desarrollo. Entre las más conocidas se encuentran las producidas por citomegalovirus (CMV), toxoplasmosis, parvovirus B19, y rubéola  entre otras. En la mayoría de los casos, las mujeres cursan el embarazo sin síntomas o con cuadros leves, pero en algunos, el microorganismo puede atravesar la placenta y afectar al bebé.

     

    La detección temprana es clave. Los estudios serológicos y el seguimiento ecográfico permiten identificar infecciones activas o recientes y evaluar su posible impacto en el bebé. La medicina materno-fetal ofrece herramientas para confirmar el diagnóstico, estimar el riesgo de transmisión y definir la conducta más adecuada, que puede incluir vigilancia intensiva y/o tratamiento específico dirigido al bebé.

     

    Es importante transmitir que no todas las infecciones representan un riesgo grave, y muchas veces el hallazgo de anticuerpos o resultados dudosos genera ansiedad innecesaria. Por eso, el acompañamiento informado y empático es fundamental para evitar alarmas injustificadas y tratamientos innecesarios.

     

    Con un seguimiento especializado, la mayoría de las infecciones pueden controlarse o manejarse con seguridad, protegiendo la salud materna y minimizando el riesgo para el bebé. El conocimiento, la planificación y la contención son las claves para transformar una situación de preocupación en un proceso de cuidado y tranquilidad.
  • El hallazgo de una malformación congénita durante el embarazo genera, con frecuencia, angustia e incertidumbre. La mayoría de las veces, estas condiciones pueden estudiarse con precisión antes del nacimiento, lo que permite planificar la atención y el tratamiento del bebé desde el ambiente prenatal.

     

    La medicina materno-fetal tiene un papel central en este proceso. A través de ecografías de alta complejidad, estudios complementarios y coordinación con otros especialistas —como genetistas, neonatólogos, cirujanos pediátricos o cardiólogos infantiles—, es posible definir el diagnóstico con mayor exactitud, evaluar su impacto y acompañar a la familia en cada paso.

     

    En algunos casos, las malformaciones pueden tratarse durante el embarazo, gracias al avance de la cirugía fetal y de las terapias intrauterinas. Entre las condiciones que pueden beneficiarse de estas intervenciones se encuentran el mielomeningocele, la megavejiga, el hidrotórax, el síndrome de transfusión feto-fetal y otras alteraciones que comprometen el bienestar fetal. La identificación oportuna de estas situaciones permite evaluar la posibilidad de un tratamiento intrauterino o un plan de parto en centros especializados, mejorando significativamente el pronóstico.

     

    El objetivo no es solo identificar una anomalía, sino comprender su significado clínico: qué implicancias puede tener para el desarrollo del bebé, qué opciones existen y cómo prepararse para el momento del nacimiento. Cada familia recibe información personalizada, con un enfoque claro, humano y respetuoso.

     

    Gracias al seguimiento continuo y la planificación interdisciplinaria, muchas malformaciones pueden tratarse o controlarse de manera efectiva, permitiendo que el bebé nazca en el entorno más adecuado y con el equipo preparado para su cuidado. Este acompañamiento informado transforma el miedo inicial en una experiencia de comprensión, preparación y esperanza.
  • La sensibilización Rh ocurre cuando una mujer Rh negativa produce anticuerpos contra los glóbulos rojos del bebé, que puede ser Rh positivo. Estos anticuerpos atraviesan la placenta y pueden destruir los glóbulos rojos fetales, provocando anemia fetal. Aunque hoy es mucho menos frecuente gracias a la prevención con inmunoglobulina anti-D, sigue siendo una condición que requiere vigilancia especial.

     

    El diagnóstico temprano y el seguimiento cuidadoso permiten detectar cuándo existe riesgo real para el bebé. A través de análisis de laboratorio, estudios de ADN fetal libre y ecografía Doppler de la arteria cerebral media, es posible evaluar si el feto está anémico sin necesidad de procedimientos invasivos.

     

    Cuando se confirma una anemia fetal significativa, la medicina materno-fetal cuenta con herramientas terapéuticas avanzadas, como la transfusión intrauterina, que puede corregir la anemia y prolongar el embarazo hasta lograr una edad gestacional en la que sea seguro nacer. Estos procedimientos   han transformado el pronóstico de esta enfermedad.

     

    El manejo actual se centra en prevenir la sensibilización, monitorear con precisión y actuar solo cuando es necesario, evitando intervenciones innecesarias y priorizando siempre la seguridad materna y fetal. Con diagnóstico oportuno y atención experta, la mayoría de los embarazos con sensibilización Rh logran un desenlace favorable, demostrando que el conocimiento y la anticipación son las mejores herramientas para cuidar a ambos: madre y bebé.

Cuando nacemos, ya tenemos 9 meses y, en ocasiones, algunos bebés requieren ser ayudados para lograr un desarrollo saludable.

medicina materno-fetal

Cirugías y procedimientos fetales

Intervenciones de alta complejidad y cirugía fetal para asegurar el mayor bienestar y seguridad intraútero.

Diversas condiciones pueden requerir ser tratadas dentro del ambiente fetal. Algunos ejemplos son el tratamiento de anemia fetal severa o del hidrops fetal de origen inmunológico, que requieren transfusiones de sangre a través del cordón umbilical mientras el bebé está dentro del útero. Otros procedimientos consisten en la colocación de shunts (drenajes) fetales para derivar la acumulación anormal de líquidos y evitar que éstos perjudiquen el desarrollo del bebé.

La cirugía intrauterina para tratar una anomalía de la columna denominada mielmeningocele es otro de los ejemplos de los tratamientos intraútero realizados por nuestro grupo de profesionales. Esta cirugía permite mejorar varios aspectos postnatales del mielomeningocele.

Dr. Gustavo Leguizamón

El Dr. Leguizamón es actualmente Profesor asociado del Instituto Universitario CEMIC y Jefe de la Sección de Medicina Materno Fetal de CEMIC. Se graduó de médico en la Universidad de Buenos Aires y realizó su especialización y la jefatura de residentes en ginecología y obstetricia en CEMIC.

Realizó posteriormente su entrenamiento clínico en medicina materno fetal en el Barnes-Jewish Hospital, Washington University USA, y un fellowship postdoctoral en Temple University USA. Luego de un periodo de 5 años en el exterior regresó a Argentina y se incorporó a CEMIC para continuar el desarrollo asistencial de la Unidad de embarazo de alto riesgo y como investigador de la unidad Rene Baron.

El Dr. Leguizamón ha publicado 41 capítulos de libros de la especialidad en Argentina y en Estados Unidos, y más de 25 artículos indexados en la literatura científica internacional. Recientemente ha publicado junto a referentes internacionales de la medicina materno fetal la 4ta Edición de uno de los textos de referencia de la especialidad “Clinical Obstetrics: The Fetus & Mother” (Reece EA., Leguizamón GF, Macones G, Wiznitzer A). Asimismo, ha colaborado con la formación de profesionales en el área de medicina materno-fetal mediante la creación de un programa de entrenamiento en el ámbito universitario y de numerosas conferencias nacionales e internacionales basadas en prevención y tratamiento de complicaciones en el embarazo.

Actualmente el Dr. Leguizamón coordina un grupo multidisciplinario de investigación para el estudio, prevención y tratamiento de posibles complicaciones del embarazo.

Gustavo es miembro activo de la Society for Maternal Fetal Medicine USA y de la Society for reproductive Investigation USA y árbitro Ad Hoc de revistas indexadas de la especialidad como el American Journal of Obstetrics and Gynecology y también Diabetes Research and Clinical Practice.